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Durante 40 años la librería ha residido (y resistido) en la calle de la escalinata. Con la aparición de internet las
ventas empezaron a decrecer considerablemente, después llegó la crisis, y ahora el remate del llamado “Madrid
Central”… Si a todo ello le sumamos el desinterés creciente por la lectura y los libros tradicionales, el resultado
es obvio: imposible competir con los gigantes del ecommerce y mantener un local en un entorno inaccesible.

Por eso, y en un último esfuerzo por sobrevivir, en el año 2019 la librería cierra sus puertas del Madrid de
los Austrias y deja sólo abierta una ventana en internet.

Comparto aquí un texto que me envió Ada, escrito por Alicia en 2015 para una revista:
“Ya apenas nadie visita La Escalinata. Marta, la librera menuda, de pelo corto y timidez enquistada que atiende
sobreviviendo al asedio de volúmenes sin número, lo sabe. Y en el dolor de la certeza se solapan los 25 años
dedicados a querer a los libros de una bióloga. El gusto por leer que adquirió con los tebeos y la tentación
de tocar los libros de arquitectura con grabados en el negocio familiar fue más fuerte que la vocación por los
misterios de la vida que, no obstante, contempla con delectación en la Historia natural de Buffon. Una
inclinación tan acendrada –‘yo perdía el autobús del cole muchas mañanas por leer’- como las robustas vigas
de madera que su padre, su tío y Bernardo entrecruzaron a modo de estanterías.
Con el languidecer de comercios como éste desaparecerá la puerta que se resiste a ser abierta, como si al
entrar por ella se interrumpiera el normal transcurrir de una cápsula del tiempo donde descansan bibliotecas que alguien vendió y Marta supo apreciar (…) ‘Trabajar aquí, a pesar de todo, es precioso. Ya sólo el contacto, el olor, el pasar las páginas, las cosas bonitas que encuentras dentro de un libro que no prometía nada…’, dice sosteniendo la mirada en ese pasado que no será…”
Así lo vieron. Así me vieron.


 
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